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22 de julio de 2020 Temas de Interes0

El ojo seco es una enfermedad multifactorial de la superficie ocular, caracterizada por una pérdida de la homeostasis de la película lagrimal y acompañada por síntomas oculares[1], es decir, se desarrolla gracias a una mala calidad de nuestra lágrima, lo que impide que nuestro ojo se lubrique y proteja correctamente.

Según el estudio Utility assessment among patients with dry eye disease, el impacto de la enfermedad de ojo seco en la calidad de vida de las personas puede ser comparable con otras afecciones incapacitantes como una angina severa e incluso una fractura de cadera.

Existen tres tipos de ojo seco:

  • Por deficiencia acuosa, donde las lágrimas no producen suficiente componente acuoso (el de mayor volumen en la película lagrimal), por lo que no hidrata, nutre y protege correctamente la superficie ocular.
  • Por deficiencia evaporativa, causado por disfunción de las glándulas de meibomio (ubicadas en el párpado y encargadas de generar la capa lipídica), lo que provoca evaporación rápida de la lágrima o que ésta se salga de la superficie ocular
  • Mixto que abarca los dos tipos de ojo seco y es un porcentaje significativo de las personas lo padecen.[2]

Este síndrome tiende a desarrollarse en personas adultas mayores de 40 años, principalmente en mujeres después de la menopausia -con una prevalencia 70% más alta en mujeres que en hombres mayores de 50 años[3], donde el sexo, el género y las hormonas cobran gran relevancia; por ejemplo, los andrógenos, hormonas sexuales masculinas, son muy importantes en la regulación de la superficie ocular, a diferencia de los estrógenos. No obstante, se puede desarrollar en cualquier persona, edad y por múltiples factores.[4]

Entre los factores de riesgo que pueden propiciar la enfermedad del ojo seco podemos encontrar los relacionados con el exterior, como la contaminación, exposición excesiva a pantallas, aire acondicionado o medicamentos, entre otros; de igual manera, identificamos los de cada persona, que van desde genética, mala higiene, alergias, cambios hormonales y envejecimiento, hasta enfermedades como la diabetes.

Dicha condición se manifiesta a través de síntomas como incomodidad, sensación de cuerpo extraño, ardor, sensibilidad a la luz, visión borrosa, ojos llorosos, entre otros, e incluso pueden desencadenar en otro tipo de enfermedades más graves si no se diagnostica y trata oportunamente.

 


[1] Craig, Nelson, Azar, Belmonte, Bron et. al. (2017). TFOS DEWS II Report Excecutive Summary. De The Ocular Surface. Disponible en: https://www.tearfilm.org/public/TFOSDEWSII-Executive.pdf

[2] Lemp, M. et. al. (2007). The Definition and Classification of Dry Eye Disease. De tearfilm.org. Disponible en: https://www.tearfilm.org/pdfs/OM%20-%20Definition%20&%20Classification.pdf

[3] Herrero, Ramírez, García y López. (2013). Síndrome del ojo seco. Factores de riesgo laboral,

valoración y prevención. De Medicina de Familia Semergen. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-familia-semergen-40-articulo-sindrome-del-ojo-seco-factores-S1138359313001263

[4] Craig, Nelson, Azar, Belmonte, Bron et. al. (2017). TFOS DEWS II Report Excecutive Summary. De The Ocular Surface. Disponible en: https://www.tearfilm.org/public/TFOSDEWSII-Executive.pdf


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